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13 Sep 2015

Mi primer partido

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Mi primer partido

Mi primer partido fue en Puente Castro, yo tenía 5 años, fue el filial del Sporting. Mi padre sabía que ya estaba listo. Recuerdo que resultó ser empate, pero ni un solo pase. De la grada, sin embargo, recuerdo hasta la fila en que estaba sentado. Hay un recuerdo recurrente que viene a mi mente cada vez que piso ese campo, y fue el chico feo de gafas que estaba detrás,  un par de años más, con su gorro de lana, abrazado a su abuelo, y entre sus manos una bolsa infinita de huevos de gominola [ no había mayor trofeo para mí que un falso huevo de pichiglás ]. Me pasé 90 minutos seguidos mirando hacia atrás, suplicando con la vista que aquel niño de gafas redondas sintiera clemencia de mi necesidad. No hubo empatía esa vez, todavía estábamos por hacer, no éramos infelices de la misma ciudad animando a ese club cruzando miradas cuando Ibán Espadas la mandaba a la grada. No éramos todavía dos adolescentes gritando en el fondo con nuestro primer calimocho cuando el Sabadell nos mataba.. y no habíamos llegado a ser dos adultos que gritan al cielo en cada domingo con ese penalti fallado. recuerdo ni un pase pero recuerdo a la gente, el frío y la grada. Recuerdo un partido horroroso y un frio infernal, recuerdo haber pensado después que quería ver más. Cuando crecía empecé a gastar con mi hermano la paga en ver al Amurrio, al Baraka.. sentado en un fondo cerca de la valla amarilla.. no por verlo centrado, sino por intentar mendigar ese olor a faria y chupito que mi padre describía en cada recuerdo. Por entender que no era el fútbol en sí, que era sentarme con alguien y darnos consuelo. Que era hablarnos de todo y no ver el fútbol. Entendí que me emocionaba más descubrir a Iván Mateo que ver a Rivaldo en la tele, que Robinho era soso después de Óscar Rico. Que el verdadero placer no está en encontrar el talento supremo dentro del talento, está en encontrar el resquicio de estrella en ese mediocentro. En recrearse pensando que a dónde va a llegar este chico, o donde no llegó porque no le dejaban jugar [ y porque yo no entendía por aquel entonces que esos chicos se disolvían con los hielos del Glam ]. Hubo un tiempo en el que yo creí que los delanteros remataban con los ojos abiertos y que los buenos mediocentros eran ambidiestros. Todos tenemos algo atrás que no queremos olvidar, que nos empeñamos en recordar, un momento en blanco y negro quizás, que echamos de menos y que no volverá. A todos nos gusta recrearnos en la nostalgia, y eso es lo que hago cuando voy a sufrir con mi equipo. Me da igual que me digan que no dan para más, o que prefieren ver el domingo al de la capital.. Pero esto va más allá. Como la primera chica que me hizo llorar, que me llenó de quizás, que hizo que el casi fuera algo eterno y que dijo que hoy casi, que quizás si eso el beso mañana. Y cada domingo yo siento lo mismo. No entienden que los domingos son un abrigo de otoño mirando hacia atrás, las gominolas que aquel chico no me quiso dar, el balón en el Área que no quiso entrar.. las tardes de fondo con mi propina de cada semana, la chica que casi y que nunca me quiso besar, el gol de Paixao que está por llegar.. la comida en familia y las piernas temblando, la copa a carreras palpando la entrada,  el olor a puro que dijo mi padre y la charla y chupito con ese vecino. No entienden que ese punto no es solo un punto, que ese gol es no es solo un gol, o que ese chico es muy “bueno”, no entienden que en cada domingo habita algo más, que después de estas líneas no he escrito, que es algo que tan solo cabe en “quizás”.

Modificado por última vez en Domingo, 13 Septiembre 2015 23:17
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