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31 Ago 2013

Capítulo 1 - La fundación

Escrito por 

LA FUNDACIÓN

Pereira bajo los palos.

         Y así, desde la puerta iniciamos esta historia culturalista.

          Corría el mes de mayo de 1923. Y Fernando Balbuena Pereira lo recuerda así…

         “La Cultural inició su andadura futbolística con un uniforme distinto al de hoy: camisola gris, pantalón azul con franja blanca…”.

         Y pasamos a recordar – al aire de las publicaciones de la época – testimonios de la fundación.

 

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         LA CULTURAL Y DEPORTIVA LEONESA fue fundada en el mes de mayor de 1923. El equipo leonés se formó de la fusión del Club Victoria y Gimnástica, siendo encauzador y promotor de la iniciativa el periodista Carmelo Hernández Moros. La Cultural Leonesa hizo su debut el 5 de agosto de ese mismo año venciendo al Club La Salle, de Palencia, por tres goles a cero.

El primer presidente fue don Miguel Canseco y el club nació como una iniciativa “cultural, artística, recreativa y… deportiva”.

“Bueno – cuenta Pereira, el primer guardameta – fue una consecuencia política. Verán: era la época de Primo de Rivera y en las Cortes (que no tenían entonces ese nombre) estaba la Asamblea Nacional. Para acceder a un “acta” se necesitaba presidir una sociedad cultural. Entonces iniciabas tu camino político y llegabas hasta esa tribuna. Canseco habló con varias personas (destaquemos el apoyo del periodista Carmelo Hernández, “Lamparilla”), y se fundó el club que además del “foot-ball” hacía pinitos artísticos, fomentaba excursiones, patrocinaba conferencias, organizaba un orfeón…”.

De aquella época – y según los archivos – merecen destacarse al agustino padre Ambrosio, a los hermanos del Río, a los Hurtado, Merino, Belinchón, Regueral, Crespo, Oria, Mariano Andrés. Y la sección deportiva cobró enseguida especial ímpetu.

Por aquel entonces – sigue explicando Fernando Balbuena Pereira, Pereira por nombre deportivo – se jugaba en el campo de “El Parque”. Y Miguel Canseco, un hombre espléndido, gran leonés, consiguió la cesión de un terreno. Ya teníamos “estadio”. Y el Presidente, de su bolsillo, mandó colocar las vallas, bancos de madera y una tribuna para las autoridades y directivos. Pero, naturalmente, estábamos en familia…

Pereira recuerda que… “se pasó al uniforme de hoy – elástica y pantalón blancos – al no encontrar aquellas extrañas camisolas grises…” y nos cuenta una curiosa anécdota del primer regidor culturalista:

“mire usted. No entendía nada de fútbol. El 17 de agosto (año 23) se iba a jugar el encuentro de presentación. Estaba el equipo ya sobre el campo en lo que se conoce hoy como “peloteo” o “precalentamiento” cuando apareció Canseco acompañado de Julio Crespo que era secretario del club. Se acercó a mi y me miró detenidamente… luego a la portería. Quedó dudando y dirigiéndose al secretario dijo: “creo que habéis hecho estas porterías muy grandes para el chico de Pepe”. (Pepe era mi padre y gran amigo de Canseco). Se le explicó que todas las porterías eran iguales y estaban marcadas por un Reglamento. Sólo añadiría: “¡Pues menudo reglamento!”. Esto da idea ya, de su desconocimiento del fútbol”.

Pereira habla ahora de las alineaciones del año veintitrés:

“Pereira (o sea, yo); Manolo y Argüello I, defensas; medios, Argüello II, Larraz y Camilo y delanteros Gordón, Azcárate, Menéndez, Aller y Ardilla. Duró poco. Y es que Azcárate y yo nos fuimos a estudiar a Madrid. Yo, por ejemplo, alinearía más que en seis partidos…”.

 

La crónica nos lleva a una evaluación de aquellos primeros héroes culturalistas…

La estrella del equipo, dice Pereira, era Azcárate. Le vi jugar después en un equipo de la residencia estudiantil en Madrid. Pedro Crespo era también muy bueno… Si tuviera que destacar a uno de toda la historia (casi prehistoria) me quedaría con Colinas…

Y ¿qué ganaba entonces un portero, Pereira?

“Ganaba… golpes. Y te costaba dinero. Antes no se cobraba por “ver fútbol”. Por sentarte, sí. Alquilábamos las sillas a Graciano y luego se pedía a peseta por asiento. Todos estaban de pie o en los bancos. Y como socios teníamos a cincuenta entusiastas. El Presidente pechaba con todos los gastos, y cada uno de nosotros, con los nuestros. Desde comprar cal para pintar el campo, hasta pintarlo. Y en verano hacíamos “bolos”. Jugábamos en las fiestas de Cistierna, Boñar. Nos llevaban como número “atracción”, como el circo.

Como portero se repartirían alegrías y tristezas.

“Sí hombre, sí. Me han marcado muchos goles “tontos”. El “campeón de todos los goles tontos” me lo marcó la selección asturiana. Veamos, a los quince días del debut – frente a La Salle de Palencia, y con victoria – nos enfrentamos a un selección asturiana que regresaba de un viaje por el extranjero (Méjico, Centroamérica, etc.) y me marcaron siete goles. Perdimos por siete a uno. Y uno de los goles… el del tonto. Se me caían los pantalones (no se había inventado el Meyba) y yo andaba todo el partido más preocupado de la cinta que sujetaba el calzón que de la pelota, y, en un momento, se presentó el delantero. Y una de dos, o iba el balón dentro o los pantalones al suelo, y ocurrió lo primero”.

Y en aquella época de “esos locos con sus locos balones”, no había táctica, concentración, agua milagrosa…

“Nada, nada, ni masajes, ni concentración. Si teníamos, en cambio, precalentamiento. ¡Claro! Pintábamos nosotros el campo. Se marcaba por la mañana. Una señora de La Corredera nos prestaba la regadera y el agua. Se hacía “la lechada” y ¡a marcar el campo! Acabábamos con los riñones rotos. ¿Concentración? Sí, sí. Yo iba a buscar, en una moto con sidecar, a Azcárate que estaba en su finca de Villimer, y si te descuidabas llegabas a la hora del partido pero no a la de hora de comer.”

¿De qué otras épocas nos puede hablar?

“Recuerdo un equipo llamado “El Once Leonés”. Se jugaba cerca del Hostal, donde está la gasolinera. Era un buen equipo, los hermanos Páramo, que eran de Caballería y bordaban el fútbol; Belinchón que jugaba muy bien; Santiaguito, el portero; Isaac Bayón que vino de Galicia…; también recuerdo cuando el campo de guzmán estaba donde está “La Voz de León”, y a grandes jugadores como Benjamín, Cayetano, Colinas…”

Fernando Balbuena Pereira, Pereira para los aficionados de la primera época, siguió en el fútbol.

“Estuve con Antonio Amilivia. En su época se consiguió el ascenso a primera, y en tres años. Una Junta Directiva fabulosa. Recuerdo también con emoción la Directiva que presidió Ricardo Hermosilla (q.e.p.d.), un caballero y un impulsor de todo lo leonés. Me decía siempre que le asesorase…, que el fútbol no era lo suyo. Cierto, no era un técnico del balompié pero era un gran hombre de empresa, tenía la visión precisa para llevar un club. Recuerdo también a aquellos hombres – Alfredo Cadórniga, alcalde, y Barquero, gobernador – que no sólo impulsaron el ascenso sino que hicieron posible la construcción del estadio que, por cierto, no se culminó en su totalidad el proyecto.”

Fernando Balbuena tiene en su palmarés otros triunfos.

“Después de la Cultural jugué en el Atlético de Madrid y fui campeón de España en rugby, con el club colchonero”.


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