Historia

El espíritu de la Puentecilla

El espíritu de la Puentecilla

Corría el minuto 65 o así cuando la niebla empezó a caer fuertemente por la ribera del Bernesga. En ese preciso instante me pareció notar algo. A mi lado Sergio miraba atento los movimientos tácticos de Ferrando intentando elucubrar que se le estaba ocurriendo y creo que no se dio cuenta de su presencia. No sé si alguno más lo notó. El marcador del fondo norte fue cambiando ante mis ojos, me pareció ver una torreta blanca familiar, con nombres de antiguos negocios locales y una serie de símbolos extraños que me resultaban familiares.¿ Era el marcador dardo de la Puentecilla?. No me lo podía creer…Al intentar centrarme en el juego que estaba muy emocionante ante la acometida sin premio que estábamos realizando me empezó a pasar una cosa todavía mas extraña. Poco a poco Juan Ferrando fue mutando ante mis ojos, no paraba de gesticular y ordenar…pero no era él…su pelo (por fin) era corto y no era ya el jovencito que se confunde con los jugadores. “Un momento” pensé, “yo a ese tipo le conozco, ¡no es Ferrando! ¡Ese es Carrete!”. Pensé que la copa previa me estaba jugando una mala pasada, así que decidí centrarme en el juego. Y allí salió mi Babalola, “ahora si que sí”pensé, mientras veía al mago de ébano adentrarse en la niebla. Pero la siguiente jugada que el costa marfileño tocó el balón, me pareció que corría de una forma especial que me era conocida. Entonces fue cuando sucedió todo, de repente estaba otra vez en mi infancia, el estadio de la Puentecilla vibraba de emoción, era Ramonín el que estaba percutiendo por la banda una y otra vez. Y Carrete el que se desgañitaba en la banda. Mi abuelo a mi lado ni me miraba. La había tomado con el delantero contrario y le estaba llamando de todo por perder tiempo. Yo alucinaba, pero es que jugando la Cultu no fui capaz de no centrarme en el partido y hablarle. Marcamos de penalti y también en el descuento. Me abrace con mi abuelo y me prometió  que iríamos al Man a cenar cecina de chivo para ver el Hungria-Noruega y luego me llevaría a casa en el Simca . ¡Estamos segundos! gritamos según pito el arbitro.

Entonces despejo la niebla. Fue como un topetazo. La escena había cambiado. Sergio sonreía y miraba el móvil indicando que el Guiju había perdido, Jaime ya marchaba para no tener mucho jaleo como siempre. Y los jugadores sonreían en el centro de campo saludando. El marcador reflejaba un 2-0 que me hizo sonreír.

De repente entendí lo que había pasado. No sé si a alguno más de los que ha estado esta tarde-noche de niebla en el Reino le habrá pasado lo mismo, espero que sí porque yo hoy no soy capaz de quitarme la sonrisa de la cara.

Yo esta tarde he vuelto a la Puentecilla…el lugar donde me enamoré de mi Cultu.

Aupa Cultu.

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