ROSENDO HERNANDEZ, EL CANARIO DE ORO

Entre la nómina de jugadores que figuraron en La Cultural brilla con luz propia el nombre de Rosendo Hernández, conocido familiar y cariñosamente por «el canario» debido a su procedencia: las islas afortunadas. El calificativo podía ampliarse a «canario de oro»
por sus dotes y virtudes balompédicas.
Ahora recuerda la etapa de León:
«Yo pasé de la playa a La Cultural. Allá jugábamos todos los días sobre la arena, al salir del colegio. Los domingos en categorías infantiles, de alevines. Después pasé —ya en clubs federados— al Artístico, Fomento (ambos en segunda regional) y luego en el Aríades —primera preferente— donde me formé como futbolista y me hice hombre. Cumplí la mili en León y allí me dediqué en serio al fútbol.
Por eso digo siempre que todo lo que fuí y soy en el balompié se lo debo a ustedes, los leoneses».
Los recuerdos, ahora, se hacen más precisos:
«Fiché en La Leonesa en la temporada 40/41 y antes probé en un partido contra el Deportivo de La Coruña allá, en la ciudad gallega. Bueno… salí, pues no toqué ni una pelota. Cuando volvíamos en el autobús, el jefe de la expedición me dijo: «chaval, vuélvete al
cuartel, tu no estás hecho para el fútbol». Le expliqué, entre acobardado y disgustado, que me habían llamado ellos. Que yo jamás había pretendido fichar. En la segunda prueba ya lo hice mejor y me quedé; (¿que quién era el del «ojo clínico»? un periodista. Buena persona y,
después gran amigo. Se llamaba Montiel y era, me parece recordar, corresponsal de Marca). Como entrenador teníamos a Isidro, un señor mayor, muy serio, «muy padre». Excelente persona. El Presidente don José Reyero; recuerdo, además, otros como Amadeo,
Paradela, un militar que alternaba los entrenamientos con la camisola
de jugador».
Rosendo Hernández, el canario de oro, sigue recordando lleno de añoranza y entusiasmo:
«Jugamos en Tercera uno o dos años… no me acuerdo. Si… dos. Y en el segundo año ascendimos y en la temporada siguiente no subimos a Primera por culpa del Granada. Nos sacó ventaja por el «gol average».
Recuerdo que teníamos una nutrida e inteligente afición. Y que si bien costaba habituarse (fíjese, de Canarias a León) luego estaba como en casa. Recuerdo como uno de los mejores equipos de entonces, este de… López (de la Leonesa se fué al Valencia y luego al
Málaga); Calo, Severino; Rafa, Chovito, Sánchez (estos últimos dos hombres «todo terreno» que cubrían el campo); Gamonal, yo (Hernández), Isaac, un jugador maravilloso que se retiró porque no le dió la gana de vivir del fútbol, Muñoz, Andrade…».
De aquellos tiempos heroicos (la palabra fichaje o traspaso eran todavía malsonantes) Hernández recuerda:
«Al licenciarme el teniente Robles me aconsejó que me quedase y facilitó el fichaje. Me dieron, tiene gracia, dos trajes, unos zapatos, una camisa, la pensión pagada y unas perras para el café. En el segundo año ya vi dinero: siete mil pesetas de ficha y sueldos aparte.
Jugaba de interior, o salía con el nueve a la espalda. Creo que poseía una técnica muy aceptable, un gran temperamento y certero y fuerte tiro a gol. Esta era mi mayor virtud. A balón parado lo «rompía» y ponía precisión. El fútbol, su práctica, te dá técnica, picardía, pero algunas cualidades o se tienen o se carece de ellas; recuerdo de aquellas tardes las escapadas de Gamonal, extremo, o las penetraciones de Isaac que aunque le pasaras mal el balón jamás protestaba y siempre corría en busca de la pelota. Marcó muchos goles con mis pases. Luego él decía siempre: «marcamos muchos goles», para repartir el méri-
to conmigo. Era un gran jugador y estupenda persona. También recuerdo, de mi época, a Severino —hermano de César y Calo y mejor que los dos juntos y que perdonen esos buenos amigos—; Chovito, que jugaba de maravilla. ¿Entrenadores? Paradela que era mi jefe «en la mili». Amadeo e Isidro que se portaron conmigo como dos padres.
Alejandro, que fuera defensa del Atlético de Madrid y sabía un rato de fútbol. Era un hombre de gran temperamento y a veces, chocamos, pero le guardo un gran afecto y respeto. ¿Mi ídolo? Silva, del Atlético de Madrid, como yo interior, y como yo, canario».

Y ahora, las anécdotas:
«Cuando fuí a probar a Coruña, yo era nuevo, todos llevábamos el bocadillo. Pues bien, yo iba todo cohibido, callado, pero vigilando el «bocata» como mi tesoro más preciado. Pues que si quieres arroz… i ! En un descuido me desaparece y veo que lo come, tranquilamente, un compañero. Se lo conté al responsable de equipo y me dijo: «Pues ya lo sabes, y con el balón tu tienes que vigilarlo igual.
Que nadie te lo quite». Fué un consejo que procuré seguir siempre.
Me marché de León después de un amistoso contra el Atlético de Madrid. Estaba Zamora de entrenador de los «colchoneros». Ganamos y yo marqué los tres goles. Al acabar me citó en Madrid para fichar. Yo, sinceramente, no quería ir. Fíjate que le pregunté a Campos (otro jugador canario que ya estaba en el Atlético) cuanto ganaba… y para que me dijeran que no, pedí lo mismo. Mi sorpresa fué que me lo dieron».
Rosendo Hernández pasó por el Atlético de Madrid, Español, Zaragoza, Las Palmas. Eizaguirre le hizo internacional y debutó frente a Italia. Luego actuó contra Portugal y de defensa; dos partidos en Méjico; en el mundial de Río de Janeiro, en Estados Unidos y en Grecia. Como técnico hay que anotar su paso por Zaragoza, Las Palmas, dos veces, Elche, Lérida, Tudela… Rosendo Hernández quiso aprovechar la entrevista para enviar un recuerdo a los leoneses:
«Para esa tierra querida, para sus gentes en verdad caballerosas, y de forma especial, para Isaac, compañero de aventuras y desventuras que fué como un hermano; a su padre don Miguel (q.e.p.d.) que me quiso como un hijo más.., a Cipriano Lubén, otro caballero también despararecido, don Antonio Amilivia, formidable presidente, a quien no le supieron valorar como se debía, a Fernando Pereira, directivo y odontólogo, a Ruipérez, también directivo. A todos, a todos y a los colores culturalistas, los llevo en el corazón».
